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Maltrato.

Archivado en Opinión • Fecha: 21-12-2006 12:02:00

Ha vuelto a suceder, ni se cansan ni dejan descansar.

Se levantó a media noche, extrañamente despejada. Había acostado al pequeño, le adoraba. Acostumbraba a quedarse treinta minutos a su lado, después de haberle leído el cuento de cada día. Viendo como dormía, se preguntaba una y otra vez si podía existir algo más bonito en la vida. Quizá llegara a ser médico y podría sacarles de la pobreza que siempre la inundó. Su marido había salido, como cada noche de viernes, a tomar unas copas con los amigos. Solía llegar tarde, así que lo mejor era acostarse pronto…y aprovechar su ausencia.

Bajó a la cocina y al abrir y coger un vaso para servirse un poco de agua fresca se encontró sentada a una mujer en la silla mirándola fijamente.

- ¿Sabe quién soy?.
- Sí, la reconozco.
- Vaya… normalmente la gente se asusta al verme.
-¿Y a qué ha venido aquí? ¿A llevarme no?.
- Así es.
- No sabía que iba usted casa por casa de visita.
- No, normalmente no hago visitas. Pero de vez en cuando me dejo ver para que no se olviden de mí.
- Y bien ¿cómo me va a llevar?.
- No se lo puedo decir, la recogeré por sorpresa, ¡imagínese si lo supiera! Nunca vendría con migo.
-¿Será en el coche mañana verdad?, alguien se cruzará y provocará un accidente.
- No, mañana es sábado, no habrá mucho tráfico y tampoco trabaja.
- Pues es verdad, ¿Una explosión de gas? Se oye mucho últimamente.
- No, qué va, además tienes bitrocerámica, no lo intentes más.
- Pues no se qué pensar, me gustaría saber cómo me llevará.
- Tranquila, pronto llegará.
- Bueno, entonces… ¿Quiere algo?.
- Un poco de leche si no le importa.

Tras coger la leche y darse la vuelta la Muerte ya no estaba sentada allí, tan rápido como apareció se esfumó sin dejar rastro ni huella. Dejó el vaso de leche sobre la mesa, y con aprensión por la visita de la Muerte y su mensaje se fue a la cama.
No estaba ni siquiera tumbada cuando sonó la puerta de la calle, era su marido. Lo mejor era dormirse pronto y a ver si por suerte el alcohol ingerido no provocaba otra paliza más. De repente un estruendo sonó abajo, su marido había bebido el vaso de leche que dejó sobre la mesa y se le cortó en el estómago con el alcohol… subió vomitando con el vaso medio vacío, difamando y golpeando cuanto se encontraba a su paso.

Se tapó con las sábanas, temblaba cuando sintió un golpe seco contra su cabeza, la leche se derramó por su cara. El pequeño lloraba, la muerte le había visitado también, pronto le visitaría él.

A las mujeres y niños asesinados por la locura.

Escrito por Alberto Esteban
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Comentarios

  1. Triste pero cierto.

    Oso — 21-12-2006 18:53:45


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