Tengo un problema.
Tengo un problema. Se que es normal que uno este cargado de problemas, que las circunstancias de la vida te pone trabas y ahueca baches en los que caer creándote dolores de cabeza y estres innecesarios, pero yo tengo un problema y creo que debería preocuparme.
Todo comenzó hace unas semanas cuando la llegada del verano y las vacaciones de los primogénitos dejara las casas libres para organizar timbas de póquer entre amigos con cervecita fresca que ahogara la tensión del juego. Durante varias ocasiones vi aumentar mis recursos, apenas unos euros que sabían a gloria, creía ser el mejor, aprendí a técnicas de despiste, el póquer se convirtió en mi fuente de vida, sabía que era duro vivir del juego pero más duro es robar (y no te cuento el trabajar), el póquer en su variante texas holdem se convirtió en afición, en gusto, en deleite, en revanchismo, hasta que llegó el día... aquél día en el que lo perdí todo.
Desde hace una semana he dejado de jugar, me dolió mi derrota, asique mi mono lo sacié jugando al póquer vía internet por puro vicio, el dinero era irreal, mis contrincantes venidos del extrangero, y yo ahí jugando. Me puse un límite y me dije que únicamente jugaría por las noches, que es cuando debido al calor supera los límites necesarios para aguantar estar tirando código.
Hasta aquí os preguntaréis cuál es el problema que tengo, casi no bebo alcohol, casi no como comida basura, casi hago ejercicio, no bebo coca-cola, no juego a consolas ni a juegos de pc, únicamente a un estúpido juego de póquer online.
Amigos, el problema ha venido cuando me he dado cuenta de que actúo en mi vida cotidiana como si jugara al póquer, el póquer ha enraizado en mí lentamente hasta tomar el control de mis actos y pensamientos.
Hoy fui a visitar a mis abuelos, por gusto, al estar allí sentado con ellos mi abuela empezó, me hablaba, me camelaba, mi abuelo mientras permanecía con mirada parsimoniosa y desconcertante. Entonces fue cuando mi abuela empezó a jugar:
-Hijo, ¿te quedas a comer?- (empezó apostando fuerte)
(Yo sólo quería esos deliciosos bollitos que guarda mi abuela en los armarios).
- No, abuela. (lo dije flojito, vi su apuesta y dejé claro que tenía buenas cartas).
(Silencio).
- No te voy a engañar abuela, tengo hambre, pero no quiero comeros la comida que teníais para vosotros. (un estupendo ataque, le sumé por lo menos veinte fichas, iba de farol pues tenía cosas que hacer en casa, pero creo que con mi ataque ella desistiría y optaría por a falta de comida darme esos bollitos).
- No te preocupes hijo, si te hago unas patatas fritas y unos macarrones que te gustan. (Jodia, conoce mis cartas y me ha lanzado un all-in).
- No, mejor no. (Me acojoné, vió mi farol, perdí la partida).
También es cierto que luego fui directo al armario y mi abuela (gustosa ella) me dió dos bollitos para el viaje de vuelta. Pero lo importante fue mi actitud, joder que por un momento estuve buscando en la pantalla del televisor el botón de "bet" para seguir apostando.
Así que me he autoconcienciado que a partir de hoy reduciré las partidas nocturnas de póquer al mínimo, intentando que en la semanita que me vaya al pueblo, donde el internet todavía es una utopía, pudra las esquejes de este vil juego mataamigos.
nota1: Es posible que algunas líneas estén dramatizadas y exageradas no ajustándose a la situación real.
nota2: Para quien se extrañe que meta a la coca-cola en el saco de vicios dañinos, brevemente ofreceré una estudiada teoría sobre los nocivos efectos de la cafeína.